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¿Cuándo debe abrirse la economía? Lecciones de 1918


Durante la pandemia de Influenza (virus H1N1) en el año 1918, la humanidad atravesó un año difícil donde la especie humana estuvo en peligro de extinción al contagiarse 500 millones de humanos alrededor del planeta (1/3 de la población mundial), muriendo 50 millones de personas.


En 1918, los humanos aún desconocían cual podría ser la causa de muerte, tardaron muchos años en darse cuenta que era un virus y no sabían como combatirlo.


La historia aún no es clara de como fue que llegaron a descubrir que el virus era respiratorio y finalmente colocarse mascarillas, a utilizar la cuarentena como mejor arma para combatir a este cruel enemigo invisible pero lo que sí pudo documentarse nos muestra los errores cometidos hace 102 años y cómo la humanidad moderna puede evitarlos para disminuir el tiempo y la cantidad de muertos que perderemos.


La economía es uno de los pilares básicos para la vida, ya que a través de ella podemos hacer el intercambio de productos y servicios que todos necesitamos para subsistir. Pero, ¿qué pasa cuando esta se detiene y cómo podemos hacer para regresarla a andar?


En 1918, durante la primera ola no se produjeron tantas muertes, todo estaba igual que ahora, mas o menos tranquilo e incluso los gobiernos no se preocuparon por cerrar sus fronteras o sus comercios. Al contrario, veníamos saliendo de la Primera Guerra Mundial y todos estábamos sumamente emocionados por volver a la normalidad e impulsar la economía como nunca antes.


Luego, durante los meses de octubre, noviembre y diciembre el virus mutó en Europa y regresó al continente Americano en forma de Segunda ola que los científicos hondureños describieron en sus anales históricos como "violenta a lo largo de todo el universo"


La historia nos cuenta de cómo los comercios cerraron obligatoriamente ya que en pocos días se quedaron sin empleados: todos estaban enfermos o muertos (parecido a lo que sucedió en la cafetería de la Casa Blanca esta semana).


También nos hace referencia de la Isla Mauricio, un lugar remoto en el Oceano Índico donde nadie sospechó que el virus llegaría. La isla contaba con 375,000 habitantes y en 1 solo mes perdió a 11,000 habitantes, en su mayoría jóvenes adultos trabajadores. La isla tardó DOS años en recuperar su economía de esa fatal pérdida en recursos humanos y tuvieron que reinvertir mucho más dinero en capacitar a los nuevos empleados de lo que hubiesen invertido si la cuarentena se hubiera llevado a cabo en su totalidad.


Pero la Isla Mauricio tuvo mucha suerte de haberse recuperado aunque haya tardado tanto tiempo. La historia nos cuenta sobre dos ciudades desarrolladas en el África Central durante 1918, cuyo gobierno y totalmente incrédulo de la gravedad de la enfermedad decidió no aplicar la cuarentena ni cerrar la economía y cuya consecuencia fue que todos, absolutamente TODOS los humanos que ahí vivían murieron. Las casas se derrumbaban sobre los cadáveres que nadie podía enterrar y en cuestión de años, la selva virgen borró todo rastro de ser humano en las 2 ciudades.


La Tercera ola fue más benigna incluso que la Primera ola, y de un día al otro, el virus y todas sus noticias desaparecieron gracias a la cuarentena y uso de mascarillas obligatoria a nivel mundial. Sin embargo, siguió circulando durante 38 años hasta que se logró encontrar una vacuna.


La historia de mayor éxito la tuvo Australia, quien ponía en cuarentena todos los barcos durante 2 semanas antes de entrar a sus puertos, así evitaron que la enfermedad ingresara durante varios meses a sus puertos, por lo que ellos no cerraron la economía durante la Pandemia de 1918 pero sí sufrió los atrasos obvios del golpe mundial.


La economía debe aperturarse únicamente cuando hayamos hecho nuestro trabajo humano de: hacer exámenes rápidos, aislar inmediatamente a los enfermos y erradicar la enfermedad y complementarse con el uso de mascarillas N95 (no K95) de TODOS y cada uno de los pobladores hondureños.


Con 9 millones de habitantes, esto debe ser sumamente fácil y no hay justificación para que un país como Honduras tenga 30,000 casos y más de 2,000 muertes. Por los momentos, los contagiados a nivel mundial son 14 millones, por lo que si continuamos sin medidas de prevención reales, esto nos indica que aún estamos en el mero inicio de la pandemia y que la Segunda ola será como la describieron inicialmente: violenta.


Las claves para abrir la economía son simples para un país pequeño como el nuestro:

  • Realizar pruebas rápidas a los empleados cada 2 semanas y los positivos deben ser confirmados mediante hisopado

  • Aislar a los positivos aún sin síntomas.

  • Todos los empleados deben usar mascarilla en todo momento.

  • No comer juntos y menos en lugares encerrados, habilitar áreas al aire libre donde los empleados puedan alimentarse estando separados.

  • Habilitar lavabos cerca de los empleados para permitir que todos se laven las manos periódicamente. Al menos 5 veces al día.

  • Separar a los empleados por 2 metros.

  • Incentivar a los empleados a producir desde sus casas y ocasionalmente salir de ellas para entregar su trabajo. La entrega debe ser al aire libre, haciendo uso adecuado de la mascarilla y distanciamiento social.


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